Quesitos y Tranchettes, requiescat in pace
December 13th, 2008
Tras una nueva ausencia debida a un horario intenso y una conexión a internet fluctuante, regreso con una mala noticia.
Leo en ELPAÍS.com la siguiente necrológica:
Kraft anuncia el cierre de la fábrica de quesitos ‘El Caserío’ en Menorca
Son varias las generaciones que llorarán al leer esto. Desde la de mis padres, nacidos en los grises 50, que conocieron estos productos siendo ya grandecitos, hasta los de mi generación, nacidos en los 80, todos hemos tenido, en un momento u otro, una relación especial con los Quesitos El Caserío o con los Tranchettes. A mí personalmente nunca me gustaron mucho, pero durante toda mi infancia jamás faltó una caja de quesitos (de 8 o de 16) en la nevera. Ya digo que nunca fueron queso de mi devoción, pero recordaré toda mi vida aquellas tardes de indecisión gastronómica en las que, al no saber qué menú elegir para la merienda, mi madre me ofrecía un bocadillo de quesitos, summum del empalague y toda una experiencia deglutiva (¡ñas, vaya palabro!).
Los Tranchettes… pues, bueno, más de lo mismo. Jamás los compraría motu proprio pero he de reconocer que algún paquete que otro me habré comido. Lo que no se puede poner en duda es que ambos productos forman parte de nuestras infancias y adolescencias. Dice Kraft que alomojor trasladan la producción a Bélgica. ¿Quién querrá comprar quesitos fabricados en Bélgica? La mera idea de esos quesitos grasos y empalagosos con sabor a col de Bruselas o a gofre me pone los pelos (no os diré cuáles) de punta.
Se ruega una oración por sus almas.
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