…and with the hammer giving

May 30th, 2011

Hay momentos en la vida de todo torsimany en los que le invade una profunda sensación de déjà vu. Bueno, mejor dicho, déjà mu, que es cuando tienes la sensación de haber oído el mismo mugido en un momento anterior.

Si hace 10 meses os mostraba un vidrio en el que un OMNI (Objeto Mugidor No Identificado) profería todo tipo de barbaridades, evangelio en mano, en plena Piața Unirii de Bucarest, esta misma tarde he vivido una experiencia asombrosamente parecida, pero en inglés (de ahí el fromlosttotheriverismo del título).

Para completar el déjà mu, todo ha sucedido en el mismo sitio con la misma persona, casi a la misma hora del día, pero con una temperatura algo más soportable.

Se nota que se acerca el GayFest y, claro está, haters gonna hate.

Pa mear y no echar gota, oiga.

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Rana

May 17th, 2010

Grădina Cişmigiu, madrugada del 17 al 18 de abril de 2010.

Cucú, cantaba la rana,
cucú, debajo del agua,
cucú, pasó un caballero,
cucú, con capa y sombrero,
cucú, pasó una señora,
cucú, con falda de cola,
cucú, pasó un marinero,
cucú, llevaba romero,
cucú, le pidió una ramito,
cucú, no le quiso dar,
cucú, se echó a nadar.


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Toamna manelelor

December 9th, 2009

En el post más visitado y más comentado (72 comentarios hasta ahora) de este blog os hablé de un peculiar tipo de música que causa furor entre las masas (humanas) de Rumanía. Sí, me refiero a las ‘manele’. No voy a entrar en valoraciones subjetivas. Me limitaré a dejaros con un cartel que amenazaba con anunciaba un megaconcierto de manele que tuvo lugar el pasado 11 de octubre. El otoño de las manele:

15 venados 15 de las más selectas ganaderías. Y yo me lo perdí. FSM es grande.

PD: Ardo en deseos (es un decir) de comprobar cuántas propuestas de sodomía recibo gracias a este post.

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La familia crece

December 6th, 2009

Como os conté hace dos meses, vuestro Torsimany ya no vive solo. Ahora Torsimany ha decidido aumentar la familia y ya tiene la parejita:

¿Qué me decís de mi nueva criaturita? ¿No dan ganas de comérsela a…? Espera, ¡noooooo!

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Os presento a mi nuevo compañero de piso

September 30th, 2009

Torsimany ya no vive solo:

¿Verdad que es adorable?

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Bucarest canina (II)

May 13th, 2009

Nueva entrega dedicada a ese porcentaje nada despreciable de la población de Bucarest: los chuchos. Bueno, y dedicada también a un lector al que sé que va a disfrutar estas imágenes:


Escalofriante, ¿verdad?

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¡Arrrrrrrrgh!

May 5th, 2009

Tras una dura jornada de trabajo es tan bonito llegar a casa y que haya alguien esperándote…

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Rien ne va plus!

February 25th, 2009

Sí, lo confieso: hoy he estado en un casino. A mí que nunca me han gustado los juegos de azar, que sólo he comprado lotería dos veces en mi vida (¡y cómo dolió, cojones!), que jamás he pisado ni un simple bingo… ¡Quién me lo iba a decir!

Os explico. Llevo unas dos semanas trabajando en una cosa muy larga de explicar. Cuando empecé, llevaba una semana sin hacer la compra, por lo que ahora llevo dos semanas sin acercarme al Carreful (sí, aquí también hay de eso) a comprar víveres. Voy subsistiendo con lo que tienen en el súper de la esquina, que no es gran cosa. Poco a poco mis existencias de sólidos comestibles han ido mermando y ha llegado un punto en el que unos spaghetti con aceite y queso rallado se consideran comida. Hasta que se acaba el queso. Ni huevos que me quedaban en la nevera. Existencias de verduritas a cero. Así que cuando me ha dicho el jefe que su nevera estaba llorando, igual que la mía, me he dado cuenta de que había que tomar medidas. O ir al Carreful a las nueve de la noche (pereza máxima) o ir a comer algo por ahí. Mi jefe, que es sabio en estas cosas de la gastronomía y el ocio bucarestinos, ha propuesto ir a cenar al casino.

Ahora es cuando todos preguntáis: ¿quééé? ¿Al casinooo? Sí, gente, sí. Yo no sé cómo será en el resto del mundo, porque ya os digo que nunca había pisado un casino, pero aquí en Bucarest los casinos de lujo tienen su buffet libre. Obviamente, la entrada está reservada a los extranjeros porque si no no ganarían para cubrir los gastos de comida. ¿Os imagináis algo así en Esñapa? Si se corriera la voz (no penséis mal) quebrarían en cuestión de días. En fin, que hemos quedado en la puerta del que dice ser el casino más grande de Rumanía, el casino Platinum, que está dentro del Hotel Radisson SAS, un cinco estrellas en la calle más céntrica, al ladito de la oficina. “Pon cara de guiri y no hables rumano”. Entramos, pasamos por el detector de metales, pita, pasan de mí (si lo sé me traigo la recortada), nos piden un documento de identidad, la tía se pone azul cuando ve mi DNI (no encontraba ningún dato), me dicen que mire a la cámara para hacerme la foto de rigor por ser mi primera vez ahí, dejamos las chaquetas en el guardarropa y… ¡bienvenidos a sórdidolandia!

Es difícil describir la mezcla de lujo y caspa que se encuentra alrededor de las mesas de ruleta, de black jack y de las tragaperras electrónicas de un casino de lujo rumano. Aproximadamente un tercio de los clientes son chinos, así como la mayoría de las pocas clientas que pueblan ese templo de perversión. Otro tercio son árabes y judíos en igual proporción y algún gitanorro rumano de dorada dentadura y el resto guiris como mi jefe y yo, que van por la comida. Humo. Barrigas. Melenas churretosas. Cadenorros de oro. Billetes que vuelan. Al fondo se encuentra Eldorado, digo… el buffet. Un poquito de pescado rebozado, una cucharadita de paella (eso ponía en el cartel), unas patatitas con champiñones, ensalada de fideos de arroz, “¡Coño, alcachofas!”, un poquito de esto, un pooquito de aquello, una copa de tinto, por favor, qué bueno está todo, vaya fauna que puebla este antro, jefe, mira ese chino qué cara tiene, mira ese otro qué pinta de mafioso, no, señor, tranquilo, no hace falta que me encañone, no hablaba de su amigo, ah, que es su señora, qué bien le sienta el bigote, coño, unos pastelitos de postre…

“Sórdido” es la palabra que mejor describe el local. En todos los sentidos. Pero, eso sí, la comida está buena. Como el sitio tiene más cámaras por metro cuadrado que un autobús de turistas japoneses, conviene no dejarse ver por ahí sin apostar algo, aunque sea por quedar bien, así que el jefe cambia 50 lei (11,68€ al cambio de hoy) por fichas de plástico y ocupamos nuestros lugares en la ruleta. Yo, más perdido que Yola Berrocal en la Biblioteca Nacional, hago lo mismo que los demás, poner fichitas de colorines encima de los números. Ah, que no se trata de encalar la bolita en el escote de aquella camarera rubia. Usté perdone, ejquenosoydaquí y es la primera vez que vengo. Cuando se acaban las fichitas nos acercamos a la sala donde están los juegos de dados y cartas, vemos más imágenes grotescas y nos batimos en retirada.

Resumen, cena por 5,84€ por cabeza, espectáculo y partida a la ruleta incluidos. La experiencia no tiene precio. Y, por si fuera poco, ya sé un sitio donde cenar medianamente bien por poco dinero para cuando vuelva a verme con la nevera vacía.

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En un país normal… (II)

December 31st, 2008

En un país normal, un funcionario público encargado de administrar leyes aprobadas por el parlamento perdería su empleo de forma automática si se negara a hacer su trabajo. No hablemos ya de desafiar a sus superiores y a los que pagan su sueldo (los contribuyentes).

En un país normal, una juez(a) que se niega a aplicar la ley tendría las horas contadas. Si, además de no aplicar la ley, la cuestiona y la menosprecia, podría llegar a tener problemas muchísimo más graves

En un país normal, decía. En Esñapa solucionamos estos casos con un traslado si la cosa se pone fea.

Trasladada la juez de Dénia que impedía bodas gays

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¡Siesta, qué fantástica, fantástica esta siesta!

October 30th, 2008

Me reitero, esto de que me manden cosas por correo me encanta. Así, cuando vienen días como ayer en los que no paro por casa (ya os contaré) y no me da tiempo a pensar nada medianamente interesante, no tengo que calentarme mucho la cabeza para tener el post del día siguiente. Esta vez vuelvo a recurrir a mi corresponsal en Elx, que me envía este magnífico retrato del verdadero currante ibérico:

Ni en el National Geographic, oiga.

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